
Naturalmente, la validez de esta apreciación debe entenderse sujeta a la efectiva postulación de concretas medidas de carácter operativo, que definan su viabilidad, eficacia y procedencia, es decir, las formas concluyentes y apropiadas para que esa vocación global de intervinculación se manifieste en gestiones útiles para el desarrollo de los múltiples aspectos que esbozan nuestra vida actual.
Esto solo puede obtenerse a partir de un concepto que parece amalgamar la totalidad de estas expectativas, esto es, la “integración”, entendida como el acercamiento de personas, instituciones, intereses, opiniones, ideas, proyectos, utopías, sentimientos, etc, que, proviniendo de distintos y alejados ámbitos geográficos y emergiendo de los mas variados espacios culturales, étnicos y religiosos, resulten enriquecidos por el examen y participación de sus similares o contrapuestos.
Y esto, al margen del eventual sentido utilitario que pueda advertirse, dado que la sola concertación de operaciones comerciales es solo un aspecto (menor, en todo caso), de la verdadera magnitud y alcances de una concepción integradora.
Es sobre tal contexto donde se dibujan con absoluta nitidez las falencias que, en la materia, gravan a nuestro País, en donde suele confundirse la actividad meramente comercial (acotada en si misma a la percepción de ventajas negociales y provecho económico), con la verdadera fusión de creatividades que es el verdadero sustento del futuro.
El análisis de este panorama fue lo que nos llevó a intentar determinar el grado de acercamiento de las múltiples “poblaciones nacionales” de la América Hispana con la Argentina, dado que la situación geográfica de nuestra Patria, que constituye el confín del continente, tiende a dificultar vinculaciones que superen las vecinales.
Y pudimos advertir que, mas allá de la brillante representación diplomática acreditada en el País, a quien debe agradecerse la organización y patrocinio de ilustrativos eventos, poco es lo que los argentinos compartimos con nuestros hermanos centroamericanos, a pesar de nuestro común idioma y religión y la identidad de nuestros problemas, aspiraciones y aflicciones.
Fue en ese momento, que vislumbramos la posibilidad de establecer un espacio común y compartido, sin distinciones políticas ni ideológicas, que conjugara el ser de Centroamérica en la Argentina y que constituyera la plataforma de lanzamiento de futuras relaciones de ilimitado alcance.
En otras palabras, crear en Buenos Aires la más amplia puerta, que permita la incorporación del pensamiento, el arte, la ecología, la ciencia, la técnica y el sentir de Centroamérica y la salida de las concepciones argentinas sobre los mismos tópicos.
Ello, en el marco organizativo, ordenador y directriz de una Cámara multinacional, constituida por aquellos países de Centroamérica y Caribe que abonen la idea y nos honren con su integración, garantizándoles no sólo el ceñimiento absoluto a la normativa nacional, sino el respeto a las pautas que regulen las correspondientes áreas, en sus países de origen.
Esta institución, al tutelar tan rico intercambio, se constituiría, asimismo, en el más seguro y eficiente centro de información comercial, cultural y académica a que pueda recurrirse en la Argentina, así como la necesaria centralita para la proyección, en toda la zona centroamericana, de aquellos emprendimientos nacionales que revistan el consiguiente interés.
El proyecto está en marcha y no dudamos que Uds. compartirán el entusiasmo que nos anima. Esperamos, con el mayor interés, cualquier sugerencia conducente, en la convicción que todo aporte al mismo supondrá compartir nuestra visión de un futuro integrado, pujante, pacífico y armónico.